No necesitas una cava para que tu vino conserve su mejor sabor. Ya sea que guardes una botella para el próximo fin de semana o algo especial para dentro de varios años, unos cuantos hábitos sencillos marcan la diferencia.
La temperatura ideal de guarda es de 12 a 15 °C. La estabilidad importa aún más que el número exacto: los cambios bruscos hacen que el vino se expanda y se contraiga, lo que puede dejar pasar aire por el corcho. Evita la cocina, el cuarto de lavado y la parte de arriba del refrigerador. Un clóset en una pared interior o un rincón fresco suele ser perfecto.
Colocar en horizontal las botellas con corcho mantiene el corcho húmedo para que no se seque, se encoja ni deje entrar oxígeno. Las botellas con tapa de rosca pueden ir de pie, pero un botellero mantiene todo ordenado.
La luz UV puede dañar el vino y crear aromas desagradables, sobre todo en botellas claras como las de rosado y espumoso. Mantén tus botellas lejos del sol directo y de la vibración constante de electrodomésticos o bocinas.
Busca una humedad relativa de 50 a 70%. Si es muy seca, los corchos se encogen; si es muy húmeda, las etiquetas se enmohecen. Si tu casa es muy seca, un recipiente con agua cerca del botellero ayuda.
¿Quieres armar una colección que valga la pena guardar? Empieza con nuestros vinos de Francia, o deja que llenemos tu botellero con el Club de Vino Splash y ahorra 25% en cada envío.