Un buen maridaje no se trata de seguir reglas porque sí, sino de lograr que la comida y el vino sepan mejor juntos. La buena noticia: con unos cuantos principios acertarás casi siempre.
Los platillos ligeros como ensaladas, pescados blancos y quesos frescos brillan con vinos ligeros como Sauvignon Blanc, Pinot Grigio o un rosado seco. Los platillos intensos como res estofada, cordero o pastas cremosas piden un vino con más cuerpo: Cabernet Sauvignon, Syrah o un Chardonnay con barrica.
Sirve blancos y rosados fríos (7–10 °C) y tintos un poco por debajo de la temperatura ambiente (15–18 °C). Prueba un sorbo con el primer bocado y ajusta: un poco de limón o una pizca de sal en el plato pueden equilibrar el maridaje.
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